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Informe del IV Congreso de la Cultura Negra de las Américas

Manuel Zapata Olivella

IV Congreso de la Cultura Negra de las Américas

Hace catorce años (1975), dos jóvenes, el peruano José Campos Dávila, director del Instituto de Investigaciones Afro-peruano (INAPE), y el colombiano Manuel Zapata Olivella, director del Centro de Estudios Afro-colombianos, nos preocupaba la suerte de las comunidades negras en las Américas. Dábamos, conscientemente, un brinco de la problemática nacional a la continental.

Sin embargo, este salto solo fue posible por el contexto de las luchas sociales y políticas de los negros africanos y de sus descendientes en quinientos años de esclavitud. Según se mire, también son quinientos años de lucha por la libertad, la adquisición del derecho humano de poseer mujer, hijos y hogar sedentario, de mantener cohesionados en torno a la memoria ancestral a los cincuenta millones de sobrevivientes del exilio que padecieron cien o más millones de seres humanos arrancados de su tierra, encadenados, vejados, vendados, repartidos, infamados, lardeados, oprimidos, perseguidos, mutilados, castrados, linchados; cualquier adjetivo inhumano en lengua española, inglesa, francesa o portuguesa quedaría insípido para connotar esta tragedia de un pueblo y la mayor vergüenza para el mundo cristiano.

El joven Campos y yo éramos los primeros en sentir el malestar de la insurrección. Habíamos nacido apenas medio siglo después de muerto Burghardt Dubois, el más grande pensador, escritor, poeta, político y líder negro de la batalladora generación norteamericana —Frederick Douglass, Booker T. Washington, Nat Turner, entre otros—, que supo conducir el «Tren de la libertad» que partía de los socavones de la esclavitud hacia los puertos sin luz de la explotación asalariada. Otros debieron proseguir el viaje hasta la verdadera libertad, aún lejana, por los caminos del arte, del deporte y de los combates por la vida y la dignidad, contra los lynchamientos del ku-kus-klan, nueva forma de inquisición con sus crucificados ardiendo.

Y ya estamos contando historia contemporánea: secuelas del racismo de la I y II Guerra Mundial. A los jóvenes de América nos preocupaban las conciencias dormidas de los afroamericanos de Latinoamérica. Apenas se había tomado lucidez en el campo de la etnohistoria y la antropología afroamericanas, los poetas habían cantado, casi caricaturescamente, a la mujer y al hombre negros de las Antillas, cuya jitanjáfora muy pronto sería superada por el grito blasfemo e irreverente del martiniqueño Aimé Césaire. Eran las voces de la Negritud que entonaba con sus amigos rebeldes Leopoldo Sedar Senghor en el Senegal y Léon Damas en la Guyana Francesa. Este alarido bárbaro pidiendo luz, belleza, poder y lucidez a los negros del mundo nos llegó a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Argentina y Uruguay. Era el eco poético concomitante con la denuncia de la novelística latinoamericana, donde también se levantaban con sordina las trompetas de la Negritud. En este concierto, el hermano gigante brasileño constituía la más avanzada vanguardia en la toma de conciencia afroamericana. Infortunadamente, la muralla selvática del Amazonas, la barrera idiomática no insalvable y la política geocentrista de sus gobernantes nos han privado de su liderazgo.

En el malestar de insurrección que animaba a los jóvenes afroamericanos de la década de los setenta, posterior a la violenta del sesenta de los norteamericanos, ya apuntaba una nueva problemática: comprendíamos que mientras permanecieran dormidas las conciencias del pueblo, las voces de la Negritud se quedarían en la pirotécnica de los petardos sin levantar las olas populares. En este contexto nada claro ni lúcido, como impacto de la conferencia de «La Negritud y Latinoamérica» convocada por Senghor en Dakar (1974), donde tuvimos la suerte de despertar, nació la idea de realizar el I Congreso de la Cultura Negra, con propósitos étnicos y culturales muy definidos. […]

No vamos a entrar en mayores rememoraciones, porque los que estamos aquí congregados somos protagonistas de la nueva historia de la Negritud. Apenas recordar que el tema central de discusión del I Congreso fue hacer un arqueo de los aportes culturales del negro en todo el continente, las experiencias históricas y sociales de los norteamericanos, caribeños, centroamericanos, sudamericanos y brasileños, en un solo contexto cultural, entendiendo por cultura el ámbito total de las manifestaciones creadoras de los africanos y sus descendientes en el campo espiritual, social y material.

Por vez primera, en Cali (1978) se oyeron unidas las voces negras de todo el continente, compartiendo ideales, dolores, esperanzas y luchas. Cabe anotar, como jalón importante en este I Congreso de la Cultura Negra de las Américas, que allí se escucharon los planteamientos filosóficos e ideológicos de la Tigritud, expresado por Wole Soyinka, hoy Premio Nobel de Literatura. Los múltiples tópicos que abarcaron nuestras discusiones no permitieron ahondar en los principios revolucionarios de la Tigritud, invitándonos a asumir como protagonistas de la historia y los destinos del pueblo negro en el mundo.

En verdad, la Tigritud ya estaba andando: el II Congreso de la Cultura Negra de las Américas, reunido en Panamá (1980), profundizó en el tema de la Identidad Cultural, nudo coyuntural para las luchas reivindicatorias. Sin conciencia de lo que éramos y somos, mal podríamos asumir las responsabilidades históricas de la desalienación cultural, política y económica, legado de quinientos años de colonización. Frantz Fanon estaba omnipresente en este II Congreso. Debíamos reflexionar sobre nuestra propia identidad sin el antifaz blanco del colonizador. Y ciertamente que profundizamos en la más importante identificación de nuestras luchas: en América, las luchas de clases y razas son inseparables. Teníamos los tres pilares esenciales de nuestras reivindicaciones, unidos en un solo andar: la cultura, la raza y la clase.

En São Paulo (1983), ya el Congreso emprendió la tarea de conformar un ente político de los Movimientos negros de América. Aunque salimos con el mandato de constituir este instrumento político, lo cierto fue que todavía las condiciones ideológicas, sociales y políticas de las comunidades negras latinoamericanas no habían madurado lo suficiente como para dar cumplimiento a ese objetivo fundamental en la estrategia de nuestras luchas. Vale la pena que reflexionemos un poco sobre este momento del Congreso de la Cultura Negra de las Américas, a manera de auscultar nuestro propio recorrido. La iniciativa, convocatoria y realización del I Congreso no significó, ni podía significar por sí misma, una toma de conciencia del pueblo negro latinoamericano sobre su momento histórico. Apenas se vislumbró esta necesidad en quienes participamos en las discusiones, pero no se hizo caudal vivo en nuestro pueblo. En cierta medida, es doloroso confesarlo, no hemos sido capaces de sembrar en las comunidades negras latinoamericanas el fermento revolucionario que las ponga en marcha como aconteció en los Estados Unidos o Sudáfrica. Otro tanto ha sucedido con la detección del carácter unitario e inseparable de nuestras luchas étnicas y sociales.

¿Ha comprendido el pueblo afroamericano que los debates políticos a los que es convocado en nuestras falsas democracias silencian las verdaderas reivindicaciones del negro, del indio, del mulato, del mestizo, del zambo y del propio blanco oprimido?

¿Alcanzamos a darnos cuenta, nosotros los ideólogos de la Negritud, de lo que significará el reclamo combativo de nuestras masas populares explotadas el día en que comprendan que su discriminación por la raza y el color ha permito tradicionalmente que los elegidos a las corporaciones públicas sean siempre escogidos entre los herederos del conquistador, del encomendero, del esclavista, de los terratenientes de hoy, de los amos de la banca, la industria y el poder?

Estamos en hora de profundizar en la teoría y praxis de los decisivos descubrimientos del II Congreso para desalienar a las comunidades afroamericanas y a los pueblos indios, blancos y mestizos del continente, de las aberraciones impuestas por la colonización, cuyo sistema racista sirvió para construir la pirámide social que todavía sostienen sobre sus hombros nuestros pueblos.

El compromiso con el III Congreso es aún más urgente, imperioso e impostergable: crear el aparato político que aúne y oriente, en el ámbito continental, las acciones que históricamente venimos realizando en los ámbitos nacionales o regionales; una especie de Consejo Político que asuma las vocerías de todas las afroamericanas, capaz de plantear las luchas en un campo suprapartidista y supranacional respaldado por el consenso popular; manera vigorosa de enfrentarnos a las acciones colonialistas que siempre asumieron el cuño de alianzas europeas contra nuestros pueblos.

IV Congreso de la Cultura Negra de las Américas

Y llegamos al IV Congreso de la Cultura Negra de las Américas, con el patrocinio de la Unesco, en su sede de París: marzo 6, 7 y 8 de 1991. Aunque podemos hablar de un zarpazo de Tigritud al sacar el Congreso del ámbito continental y proyectarlo en el seno mismo de los países colonizadores, también es cierto que ello implica, en cierta forma, una derrota.

El III Congreso de São Paulo fue enfático en su mandato de realizar la Cuarta Asamblea en el área cultural y geográfica de las Antillas. Entre los dos países que aspiraban a ese honor, Cuba y Granada, hubo consenso en favor de la pequeña isla caribeña, entonces erigida en el nuevo emblema de la libertad de los pueblos caribeños. Infortunadamente, varios meses antes de realizarse nuestro evento (1984), América y el mundo vieron estupefactos que el poderío militar de los Estados Unidos agredía la soberanía de la república de Granada, asesinando a su pueblo, con el pretexto de proteger la vida de los súbditos norteamericanos. Después, hemos sido testigos impotentes y horrorizados de que el injustificable argumento ha servido para agredir a Panamá.

Aún ardientes y sangrantes los carbones de Granada, quisimos el año siguiente realizar el IV Congreso en Trinidad y Tobago, único gobierno antillano, después de Cuba, que protestó contra la invasión del vecino país. Queríamos así dar cumplimiento al mandato de São Paulo de realizar el IV Congreso en un país caribeño. Pronto los hermanos de Trinidad y Tobago comenzaron a sufrir las consecuencias de su acto de soberanía: su economía era asfixiada por medio de las restricciones y acoso financiero de los Estados Unidos.

Fieles a lo dispuesto por el III Congreso, acudimos a los hermanos de Martinica y Guadalupe en busca de asidero y apoyo para realizar allí nuestro próximo encuentro. Sería largo detallar las gestiones y fracasos de esta iniciativa. Después del beneplácito de algunos compañeros, en dos años, en los cuales realizamos tres visitas a Martinica y Guadalupe, inclusive una a la Guyana Francesa, pudimos convencernos de que decaía el apoyo inicial hasta el grado de que nadie acudiera a recibirnos al aeropuerto de Martinica después de haber sido concertada nuestra presencia.

Mientras tanto, acontecían hechos muy significativos en los Estados Unidos, Sudáfrica, Namibia, Angola y Zimbabwe. La lucha mundial por la libertad de Nelson Mandela, la candidatura de Jessie Jackson a la presidencia de los Estados Unidos y la elección de alcaldes negros en varias ciudades norteamericanas constituyeron hitos trascendentes en la toma de conciencia del pueblo afroamericano. La Junta Directiva Permanente del Congreso de la Cultura Negra de las Américas era consciente de que la historia del movimiento negro nos dejaba atrás con nuestros propósitos y acuerdos en los Congresos anteriores. Declaraciones, recomendaciones, proyectos, planes, convocatorias, etc., parecían ser fósiles irresucitables en nuestro empeño de forjar una fuerza lúcida, activa y reivindicatoria en los pueblos afroamericanos.

Fue entonces cuando surgió la idea, inconscientemente rechazada, de deshacernos del compromiso de realizar el IV Congreso en el Caribe. A esta triste decisión llegamos nuestro presidente actual Abdías do Nascimento y mi persona, secretario general, en la ciudad de Cayena, Guyana, en febrero de 1988, durante el homenaje a Léon Damas al cumplirse diez años de su muerte.

De esta forma, se dio comienzo a las gestiones en España, donde se propuso realizar el IV Congreso en Badajoz, ciudad en la frontera con Portugal. Pensamos que podríamos aprovechar el pasado colonial y esclavista de ambos países en los momentos en que se agitaba una reflexión histórica de los países peninsulares en la colonización de América al cumplirse quinientos años de la gesta colombina. Esta ilusión que iba en contramarcha de quienes están empeñados en conmemorar con cantos lo que conlleva trágicas felonías no tuvo ninguna respuesta.

Se pensó entonces en alguna nación europea que no fuera precisamente España ni Portugal. Una elección nada fácil: toda Europa estaba comprometida con el tráfico de prisioneros africanos, en la depredación del continente y en la opresión colonial. Tal vez, Alemania podría abrirnos la posibilidad de una sede por ser la menos comprometida de las naciones imperialistas en América y África. Alguien sugirió los países nórdicos por aquello de que de allí habían partido los vikingos. Finalmente, golpe de intuición, pensamos en el escenario universal de la Unesco, en el seno de la Comunidad Europea.

Lo que apenas fue un delirio, para sorpresa de los quijotes, obtuvo una respuesta pronta y franca del director de la Unesco, doctor Federico Mayor, quien accedió a darnos el patrocinio moral y económico del organismo internacional. Concretamente, para ser claros en este informe, con fecha 24 de julio de 1989, recibimos su respuesta, en la que nos anunciaba una partida presupuestal de diez mil dólares y nos ofrecía la sede de la Unesco para la realización del IV Congreso de la Cultura Negra de las Américas.

El alborozo y la alegría de esta comunicación fueron compartidas con nuestro presidente Abdías do Nascimento y nuestro compañero de la Junta Directiva Permanente, compañero Gerardo Maloney. Estábamos en presencia de un nuevo salto de calidad en nuestras luchas y aspiraciones por el fortalecimiento de la conciencia y la acción de los pueblos de afroamérica.

Poco a poco, nos fuimos reponiendo de los asombros para darnos cuenta de la gran responsabilidad histórica que había recaído sobre nuestros hombros: un congreso en París, en los momentos en que se avanzaba hacia el V Centenario de la Colonización de América y se gestaba, en el mismo año (1992), la creación de la Comunidad Europea. Por acuerdo presidencial, procedimos a dar los pasos necesarios para estructurar un plan preparativo y unas estrategias. Se designó a la Fundación Colombiana de Investigaciones Folclóricas, organizadora del I Congreso, como responsable de los trámites necesarios para coordinar, organizar y ejecutar los pasos necesarios para obtener un mayor apoyo financiero de la Unesco y patrocinios de las Organizaciones no Gubernamentales europeas y de otros continentes. En vista del amplio campo de posibilidades, se procedió a la creación de un Comité Técnico Coordinador en Europa, asesor de la Fundación Colombiana de Investigaciones Folclóricas, conformado por los señores José Ortiz (Colombia), Denisse Méndez (Francia) y Esteban Cobas Puentes (Cuba), residentes en París. A cada uno de ellos se le señaló funciones específicas, aunque unificadas en sus responsabilidades. De allí surgió la iniciativa de un Proyecto de Cooperación Multirregional (América, África y Europa) para ser presentado en la Asamblea General de la Unesco, reunida en los meses de octubre y noviembre del pasado año.

En estas condiciones, se procedió a solicitar el apoyo de Colombia, como país ponente, y Panamá y Brasil como sustentadores (la elección de estos países se hizo teniendo en cuenta que habían sido sedes del I, II y III Congreso de la Cultura Negra de las Américas). El proyecto contempla un presupuesto total de cien mil dólares como gastos mínimos para asegurar la realización del IV Congreso en París, de los cuales se han solicitado treinta mil dólares complementarios a la Unesco. Dicha solicitud está en proceso de definición. Además de los primeros países firmantes, se ha recibido, por parte de América, el apoyo de Cuba y Venezuela; por África, de Gabón, Costa de Marfil, Senegal, Mauritania, Marruecos, etc., la totalidad de doce que conforman el Grupo Africano de países comité ejecutivo de la Asamblea de Países Africanos en la Unesco, la que tiene en consideración el Proyecto para darle su respaldo. De igual manera, en lo que corresponde a Europa, ya se tiene la recomendación de los gobiernos de España y Francia. Últimamente, el embajador de la India en la Unesco ha prometido su adhesión, con la cual nuestro proyecto tendría el respaldo de los países de los cuatro continentes.

En lo que concierne al apoyo de las Organizaciones No Gubernamentales adscritas a la Unesco, el compañero José Ortiz, miembro del Comité Técnico Asesor Europeo, podrá darnos informes detallados de estas gestiones, pero puedo decirles que en todas ellas hemos recibido el apoyo más entusiasta, y esperamos que se conviertan en donaciones económicas que garanticen la realización del congreso.

Conferencia preparatoria de Caracas

Unas palabras finales encaminadas a orientar nuestra discusión en esta Conferencia Técnica.

La razón de encontrarnos aquí reunidos, después de superar toda esta clase de obstáculos económicos, es la de dar cumplimiento a un mandato estatutario del Congreso de la Cultura Negra de las Américas, que contempla la conveniencia de realizar una o más conferencias preparatorias con el fin de asegurar las bases organizativas, doctrinarias y financieras del próximo evento.

Organización

Desde el punto de vista organizativo, la Junta Directiva Permanente, a través de la Secretaría General, ha elaborado un anteproyecto del Reglamento Operativo del IV Congreso, el cual será puesto a su consideración para los enriquecimientos y ajustes pertinentes. Este reglamento deberá recoger vuestras iniciativas a fin de asegurar su operatividad, capaz de responder al desafío que constituye una asamblea en París, que seguramente aglutinará a más de quinientos delegados de todo el mundo; la mitad, aspiramos, procedentes de nuestra América.

Planteamiento doctrinario

El Congreso de la Cultura Negra de las Américas, por sus estatutos, convocatoria y declaraciones, ha trazado los parámetros generales que deben enmarcar las discusiones en las plenarias. Desde luego, en ellos no hay ninguna restricción a la libertad de expresar las ideas, siempre y cuando lleven el interés de problematizar la problemática afroamericana, y con los fines últimos de contribuir a sus reivindicaciones, afirmar sus luchas y defender su patrimonio. En ningún caso, se aceptará que en el seno de nuestro Congreso se diera pie a la exaltación de ideas o propósitos colonialistas o discriminatorios contra la comunidad afroamericana o cualquier otra de América y el mundo. Estamos en contra de cualquier tipo de totalitarismo en los campos raciales, culturales, políticos o económicos.

El Congreso ha sido, y será, fundamentalmente una tribuna abierta para propiciar y fortalecer la libertad, igualdad, fraternidad, dignidad y soberanía de los pueblos del mundo, y muy en particular en lo que concierne a las comunidades negras o mestizas en América y África. Las ponencias deben recoger el sentir, las reivindicaciones y esperanzas de los afroamericanos. Sería de desear que esta Conferencia Preparatoria trazara los delineamientos generales con el fin de que las distintas comunidades afroamericanas del continente expresaran sus pensamientos y plataformas de luchas, en forma coordinada, con el fin de evitar confrontaciones o contradicciones fundamentales, que por su naturaleza contribuyan a entorpecer las deliberaciones y conclusiones que se discutan en la asamblea del IV Congreso de la Cultura Negra de las Américas.

A este respecto, conviene recordar que, según el proyecto del Reglamento Operativo que se discutirá más tarde, todas las sesiones tendrán el carácter de asambleas plenarias, lo que significa que se pretende llegar a acuerdos de consenso con la participación de todos los delegados, estrictamente reglamentado el tiempo en el uso de la palabra.

En cada sesión se discutirá exclusivamente el tema central de la ponencia magistral y los comentarios de los respectivos expositores zonales. Con ello, se quiere llegar a acuerdos que recojan el pensamiento y las acciones de las distintas áreas culturales, sin dar oportunidad, en un debate que debe reflejar la mayor madurez de nuestros pueblos, a que afloren criterios extremadamente regionalistas o personalistas, los cuales deben ser depuestos ante los intereses generales de nuestras reivindicaciones.

Directrices de difusión y apoyo

Se espera, asimismo, que nuestro aporte en las deliberaciones enriquezca las políticas de difusión y apoyo que debe dársele al IV Congreso en cada uno de los países latinoamericanos. Esta es una conferencia continental en la que están representadas todas las áreas culturales y geográficas del continente, a través de los directivos aquí presentes. Deploramos tan solo la ausencia del vicepresidente del área del Caribe, a quien no nos ha sido posible localizar. La dirección que disponemos de él es de Granada y, al parecer, el compañero ha mudado de residencia. De la misma manera, no tenemos a la compañera vicepresidente en representación de la Mujer Negra, pero al menos tenemos a la delegada del Compañero Presidente, quien actualmente se encuentra en los actos de toma de posesión del nuevo presidente de Namibia, en nombre del Brasil y de nuestro Congreso. Su delegada tiene la responsabilidad de ayudarnos a lograr aquí la participación masiva de la mujer negra de nuestro continente.

Comprendemos que el grado de conciencia de las comunidades afroamericanas varía de un país a otro. Esta es una grave circunstancia que debe ser superada por nosotros en la medida en que tracemos planes adecuados para suscitar una respuesta masiva de nuestras comunidades a la convocatoria y realización del IV Congreso. Sería de desear que, además del delegado que esperamos financiar dentro del presupuesto global del Congreso, pudieran participar muchos otros en representación de los sectores afroamericanos, campesinos, estudiantiles, indígenas, cooperativos, universitarios, profesionales, artistas, deportistas, maestros, investigadores sociales y escritores. Y desde luego, entre ellos, las representantes de nuestras mujeres, con consignas específicas para enriquecer el debate en París.

Los medios de financiación variarán en cada país y caso, pero si aprovechamos el tiempo que nos separa de la realización del Congreso —no mucho en verdad—, podríamos concretar acciones en todos los países, a través de las cuales quisiéramos ver la amplia representatividad anhelada.

Para ello, habrá que constituir Comités Nacionales con gran capacidad de trabajo, los cuales podrían convertirse en la principal palanca de organización y financiamiento. Bajo su égida, y con su apoyo directo, mediante cartas, actos, rifas, bailes, etc., podría despertarse la conciencia de los afroamericanos y latinoamericanos en general, los demócratas sinceros, quienes serán recibidos con beneplácito en nuestra magna asamblea de París en marzo de 1991.

De nuestras deliberaciones depende la fortaleza del zarpazo en la era de la Tigritud.

Titulo
Informe del IV Congreso de la Cultura Negra de las Américas
Autor
Manuel Zapata Olivella
Año
2016
Seccion
Rescate Documental

Cómo citar

Manuel Zapata Olivella (2016). Informe del IV Congreso de la Cultura Negra de las Américas. Vol. 1, Num. 1 (2016). https://doi.org/

Revista acreditada por Palenque Editorial Acreditación

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